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Vivir viajando, primeros tres meses.

Vivir viajando: un resumen de nuestros primeros tres meses de vida nómada


Ayer Marco puso la alarma temprano para ir a fotografiar el alba. El sol hace el amor con el mar cada mañana y la luna cada noche. Exactamente al revés que en Tarifa, el sitio que fue nuestro último hogar y del que salimos hace ya tres meses.

Estamos en la costa Adriática, con el monte Cónero de testigo, entre playas de aguas cristalinas que besan la orilla de cantos rodados y lomas que intercalan el verde del pino y el blanco de la roca caliza. En este octubre extraño somos solo nosotros y otra pareja de jubilados los que estamos aparcados en esta esquina que ahora es silenciosa pero que se masifica en Agosto. Ayer Marco puso la alarma temprano para ir a fotografiar el alba. El sol hace el amor con el mar cada mañana y la luna cada noche. Exactamente al revés que en Tarifa, el sitio que fue nuestro último hogar y del que salimos hace ya tres meses.

Nos fuimos de allí, como es natural, con un nudo en la garganta. Sabíamos que todo era diferente. No hablábamos de unas vacaciones, no hablábamos de una fecha de vuelta, no sabíamos ni de qué hablábamos. Hoy, 22 de octubre, tres meses después, seguimos sin saberlo. Quizá esa es la incertidumbre que buscábamos, la libertad del no saber, la infinita gama de posibilidades que pueden llegar a abrirse. Lo único que podemos decir es que la intensidad vivida durante este tiempo nos hace ver ese 22 de Julio como algo muy lejano. Parece que fue hace mucho más cuando enfilamos la N-340 dirección "quién sabe". En la tercera curva una cara conocida saludando efusivamente apretó esa presión en el pecho, la que sacudió el corazón terriblemente cuando a Iago, en el último instante, le regalaron una cometa, para que volase por allí por dónde fuésemos, como una última oportunidad para llevarnos el levante con nosotros.


"Habían cancelado nuestro ferry desde Barcelona hasta Savona [...] Teníamos muchos planes que sabíamos se irían modificando por el camino, pero volver hacia atrás no era uno de ellos."

Fotografía: @koko


El día anterior a nuestra partida habíamos nadado en la Isla de las Palomas, como un ritual de despedida a ese salitre y a esa unión de mares que tanto nos dio. (Si quieres leer un pequeño texto sobre el paraíso que nos ha acogido estos últimos años, pincha aquí, un relato muy especial sobre la magia de Tarifa vivida desde dentro). En ese último baño nos "oceamos” el alma y el pelo. Nos sacaron nuestras últimas fotos en esa conjunción de mares que es un hogar. Hoy celebramos los tres meses de vida nómada con una de aquellas instantáneas. Gracias Koko por regalarnos ese recuerdo.


Dejamos las playas abarrotadas de gente y empezamos a cruzar Andalucía con paso lento. Todo por delante y un plan a medio plazo muy abierto y flexible. A finales de Julio, aplastados por el calor almeriense, mientras nos dábamos un chapuzón en la Cala de la Higuera, recibimos un email que cambió nuestra ruta. Habían cancelado nuestro ferry desde Barcelona hasta Savona y las cosas por Cataluña y Murcia se empezaban a "desordenar" por nuevos brotes. Ahí las primeras dudas, miedos sobre la cabeza que ni siquiera eran nuestros, muchas llamadas familiares y menos de una semana en nuestra nueva vida. Aceleramos. Teníamos muchos planes que sabíamos se irían modificando por el camino, pero volver hacia atrás no era uno de ellos. En Murcia nos desviaron los controles policiales debido al confinamiento de algunos pueblos y decidimos entonces llegar a Italia cuanto antes.

En la intensidad de los 2 años y pico, toda la seguridad se reduce a un acompañamiento constante y a una presencia directa de “todos para uno y uno para todos”

El movimiento y la energía de las primeras semanas nos ayudó a tener nuevas ideas y pusimos en jaque a nuestra Gorda, nos sentimos orgullosos cuando la vimos cruzar Pirineos y Alpes sin quejarse lo más mínimo. Ríos, montañas y viñedos fueron nuestro paisaje de verano a nuestro paso por Francia. Los 42 grados sofocantes del sur de España disminuyeron y nos vimos como niños jugando a las casitas, reorganizando una y otra vez armarios, volubles y flexibles a las necesidades diurnas y nocturnas de calor, fresquito y calor. En el armario bañadores con sudaderas y en la cocina una nevera trivalente que empezaba a dar problemas. Casi llegando a la frontera de Francia con Italia decidimos prescindir de ella y empezamos a organizar comidas y provisiones diariamente.


Era principio de Agosto y ya estábamos con “i nonni”, dejando nuestra Gorda aparcada frente a una casa que no era nuestra. El pueblo de Figino Serenza se convirtió en nuestra base durante un mes. Durante esos 30 días surgieron nuevas oportunidades a las que les pusimos mucha ilusión. Hicimos escapadas al Trentino y Valle d`Aosta. La montaña nos dejó sin aliento, nos abrigamos en pleno agosto y empezamos a vernos en muchos sitios. Se abrieron mil ventanas de colores y empezamos a mirar el mundo con más de mil posibilidades reales para nosotros.


Iago llevaba un mes intercalando playas, ríos y montañas. Cogimos "pequeñas rutinas" matinales y nocturnas. Y él empezó a mostrar nuevos intereses. Nos dimos cuenta de que por cada sitio que pasaba se empapaba a lo grande y se le iban despertando nuevas curiosidades. En la intensidad de los 2 años y pico, toda la seguridad se reduce a un acompañamiento constante y a una presencia directa de “todos para uno y uno para todos”. El resto está viniendo solo, mucho más sencillo de lo que imaginábamos.

Mientras tanto esta segunda ola empezó a tener cada vez más protagonismo en toda Europa y las restricciones en Italia aumentaron

Sentimos entonces que necesitábamos pararnos en algún sitio con nuestro hogar con ruedas. Buscamos y encontramos. Y allí nos fuimos, a la región de Le Marche, a una cita a ciegas con un otoño lento y exuberante en su quietud, un choque de intensidades y expectativas que nos puso frente a muchos sentires, salieron nuevas necesidades y hubo que tratar de encontrarles solución. Nos sirvió para pararnos, para escucharnos, para (re)conocernos y para averiguar qué condiciones eran las que se ajustaban a nuestro bienestar y cuáles no, sobre todo a la hora de pararnos en un sitio durante un tiempo. Fue momento de dar voz, valor y nuevas formas a nuestro proyecto también.


Durante este tiempo, visitamos el proyecto agroecológico Terrà Prospera, saboreamos su delicioso pan y nos dejamos arrullar por la tranquilidad de Loro Piceno (aquí puedes leer un post sobre una estampa de nuestra estancia una tarde cualquiera en este pueblo). Mientras tanto esta segunda ola empezó a tener cada vez más protagonismo en toda Europa y las restricciones en Italia aumentaron. Iago se quedó sin sus ansiadas clases de música y las reuniones sociales disminuyeron. Todo esto hizo que nuestra participación en la vida local de la zona que nos acogía se viese muy limitada también.

En este descubrir el otoño al pie de los Apeninos, con lluvias y tormentas fuertes, montañas nevadas a nuestro alrededor, y una temperatura bastante baja para ser finales de septiembre, surgieron también defectos en nuestra casita con ruedas que solucionamos sin demasiada dificultad. ¡Incluso cambiamos la nevera! Esto es algo que no deja de sorprenderme. Desde que hemos emprendido este estilo ponemos a prueba nuestra capacidad de improvisación y sacamos a la luz nuestra parte más resolutiva y creativa.

Los tres somos diferentes, pero las expectativas e intereses de cada uno caben en este espacio tan reducido que es nuestro hogar.

Una de las cosas más satisfactorias es aprender a gestionar por nosotros mismos las circunstancias que se nos presentan en el camino. Sentirnos autónomos con lo que hacemos. Priorizar el bienestar familiar y replantear nuestros pasos es nuestro pan de cada día. La toma de decisiones cada vez lleva menos tiempo y resulta más ligera. Cuestiones esenciales como valorar el consumo de agua para llegar a mañana sin movernos o, más superficiales, como a dónde queremos ir y qué queremos encontrar, empiezan a estar en el mismo nivel y conforman nuestra dinámica familiar. Los tres somos diferentes, pero las expectativas e intereses de cada uno caben en este espacio tan reducido que es nuestro hogar.



La vida que hemos elegido implica muchas cosas, entre ellas la capacidad de decidir con poco peso, adaptarse, improvisar y crear. Implica valorar dónde y cómo queremos que sea mañana, movernos de manera sencilla cuando lo necesitamos, entender que las oportunidades no se encuentran en un solo sitio, que con menos a una le resulta más sencillo sentir más, que lo ideal siempre tiene una doble cara, pero que todo ayuda a aprender y construir el propio camino.


Celebramos con evaluación positiva, salitre y mucho aprendizaje

Fotografía: @koko


Celebramos estos tres meses con calma, satisfechos de todas las decisiones que hemos tomado desde que hemos salido de Tarifa, conscientes de que muchas más vendrán, felices de estar haciendo lo que queríamos, sin demasiada expectativa más que la de pensar a medio plazo, vivir nuestro presente, crear nuestra propia realidad eliminando interferencias y, por supuesto, saboreando el salitre cada vez que nos acercamos al mar.


Quién sabe qué nos depararán los próximos tres meses, cuántos amaneceres fotografiaremos, qué decisiones tendremos que tomar, en qué o dónde trabajaremos y cómo irá cogiendo forma nuestro proyecto. Ideas e ilusiones no nos faltan, miedos hemos de decir que tampoco, aunque a estos últimos tratamos de domarlos tejiendo opciones y trazando planes. Mientras tanto ahí vamos, dejándonos mecer por esta bendita incertidumbre que nos deja tan ligeros como expectantes, en este nomadear en tiempos confusos que ya nos está llevando a otra cosa y nuevo destino, ¿te vienes?


O.


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