• Olajui

Un cuento para Ana




Érase una vez que se era,

una niña curiosa y dicharachera.

Ella, alegre y muy solar,

siempre quería volar.

Pero en su casa le decían:

“Hay que estudiar todavía”.

En su casa le dijeron:

“Hay que trabajar primero”.

En su casa le insistían:

“Sé responsable cada día”.

Su casa, un mundo pequeño

que no entendía su sueño...

Ella imaginaba mucha veces

que nadaba entre un millón de peces.

Quería recorrer el planeta

y viajar sin la maleta.

Quería ir libre de equipaje

y no pagar por cada peaje.

Soñaba un lugar mejor

sin mirar en su interior.

Pedía a todos sus dioses

bailar durante muchas noches.

Le hablaba siempre a la luna

sin complejo y semidesnuda.

Crecía sin esperar

que su destino la iba a encontrar.

Se esforzaba en hacer lo mejor

pero todo acababa en error.

Y un día ya de mujer

se paró y empezó a entender,

que la vida no estaba hecha

hasta que no llegara la fecha.

Podía empezar a volar

o también resignarse a esperar.

No quiso perder tiempo

y se escuchó muy en silencio.

Se vio de niña y se vio de vieja...

¡Una extraña pareja!

Pero justo en el medio estaba

todo lo que ella necesitaba..

Mujer madura, quieta y plantada

que le decía descarada:

“Lo correcto fue un error

ya va tocando hacer lo peor”

Había serenidad y grandeza

con estrategia y destreza.

Había calma y habilidad

que esperaba con curiosidad.

Hizo maletas, revolvió su mundo

y buceó en lo más profundo.

No sabía que todo la cambiaría

y que ya la misma nunca sería.

Y rebuscando entre ceniza y telarañas,

con ilusión saliendo de las entrañas,

encontró un viejo mapa marrón

con las coordenadas de su corazón.

Emprendió entonces ese viaje

tan soñado y sin equipaje.

Era una ruta trazada

entre el destino y su mirada.

Pasó una semana, un mes y un año

y ella vivía sin hacerse daño.

Descubrió que al lanzarse a lo nuevo

ganaba seguridad y perdía miedo.

Vio planetas, luces y flores,

gentes, lunas y soles.

Bebió de ríos y se bañó en el mar,

y poco a poco se empezó a amar.

Se encontró puertas de muchos tamaños

que la esperaban desde hacía años.

Comía la vida con muchos sabores

y medía el tiempo en olores.

Se empezó a volver tan sensorial

que no había planta o mineral

que escapara a su percepción

cuando la guiaba su intuición.

Decían que usaba magia negra

y sacrificaba lo que ella era.

Pero lo que la gente no sabía

era la felicidad que tenía.

Decían que había perdido

todo lo que ella había sido.

Pero la gente solo hablaba

de todo lo que no interesaba.

Seguía caminando con firmeza

sin sentir culpa ni pereza.

Y así pasó el tiempo,

siendo pluma con el viento.

Viajó en tren, globo y submarino

y un día encontró su destino,

cuando una extraña mañana

vio la sombra de la guadaña.

Ella satisfecha sonrió,

cerró los ojos y suspiró.

Las estrellas salieron de su aliento

y las cenizas volaron al viento.

Niña, mujer y vieja,

ya trío más que pareja,

serenas y cogidas de la mano

abandonaron todo lo mundano.

Quién sabe dónde estarán,

o por dónde viajarán,

seguro en otra dimensión

con mucha paz en el corazón.

Ahora la gente dice

“Qué lástima que yo no lo hice,

yo cuando fui pequeño

también tuve un sueño”

Y ahora la gente asombrada,

con admiración e ilusionada,

dicen que fue la mujer

“que hizo todo lo que tuvo que hacer”.

Dicen que fue la valiente

que se plantó de frente

a mirarse al espejo

con cercanía y sin complejo.

Ahora es fuente de motivación

para otras niñas con intención

de abrir la puerta y perseguir

los sueños que están por venir.

Ahora ya no hay juicio ni critica,

ahora es leyenda mítica.

Ahora ella ni se imagina

todo lo que la gente la admira.

Y al final la conclusión

es saber con ilusión,

que siempre en esta vida

no hay retorno si no hay ida.

Todo lo que un día es barrera

se pudre como madera,

cuando empiezas a entender

que lo que siembras va a florecer.

Quizá todo se mantiene apagado

hasta que el momento ha llegado.

Quizá pase mucho mucho el tiempo

antes de volar con el viento.

Quizá debamos empezar

a silenciar todo y escuchar.

Quizá ese soñado destino

sea el propio camino.

Pero la única cosa cierta

es que hay más de una puerta abierta,

pues la vida aun no está hecha

hasta que llega la fecha.

Quizá hoy sea el comienzo

de empezar a volar con el viento.

Quizá hoy encuentres la cometa

que te lleve hasta tu meta.


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Hoy solo quiero escribir, escribir sin importarme lo que escribo, escribir sin importarme sobre qué escribo, sin atender a encargos, a contenidos coherentes o a valor añadido. Hoy solo quiero escribir

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