• Olajui

Tarifa



Fotografía de @yamilafotografía

https://yamilafotografia.com/


Nadie queda indiferente a este reducto de tierra, mar y viento. Algunos vienen por un tiempo, como las aves de paso o los atunes que cruzan del océano al mar y del mar al océano, pues esto es un cruce de estrellas, un cruce de vientos, un cruce de aguas y un cruce de tierras.


Cruzan por el agua las personas con los sueños temblando, como una cuerda floja de 14 km dónde la vida se tambalea si al subirse a la lancha inestable entra la levantera. Cruzan también en la otra dirección aquellas personas en busca de aventuras, con ganas de tormentas de arena en el desierto, tambores de Ketama y zancadas de gigante por el gran atlas, husmeando el olor del té moruno, saboreando el cordero especiado y esperando ver los brazos de Hércules acercando la tierra a los dioses.


Cruzan por el cielo los vientos que traen aires de la lejanía, alas de buitre leonado planeando sobre el estrecho, llegando a Bartolo, extasiado del viaje, anidando en la pared rocosa y vigilando desde las alturas al escalador de pared en adherencia. Aleteo travieso de abejaruco turquesa, refugiándose en los alcornoques por la noche, esos que dan sombra al cabrero, los que enraízan el suelo árido del verano y se alimentan de la humedad en invierno, la misma humedad que sale por todos lados y crea olores en los fondos del armario de las casas del pueblo.


Cruzan por aquí las expectativas de muchas personas, esas que a veces se cumplen y esas que, nunca llegando a suceder dan paso a otra cosa. Aquí se reúnen, entran a la altura de la caleta y bordean la costa hasta quedarse dormidas en las dunas, suave beso que acaricia el cuerpo desnudo de la mujer arena antes de bañarse en Bolonia, ruinas de asentamiento romano y quizá hasta alguna pintura rupestre.


Y aquí, en este cruce, a vista de pájaro y brazada de cetáceo, nos cruzamos nosotros, meros títeres de las intenciones de la vida, entretejiendo nuestros suspiros bajo una noche de verano, entendiendo la magia de esta fortaleza que ya es nuestro hogar un poquito, con la mirada en el Yebel Musa para pedir auxilio a veces; mirada perdida en el horizonte unos instantes, buscando en coordenadas la Atlántida perdida en las fosas del estrecho, por si algún día necesitásemos hundirnos un ratito; buscando la salida en aquella estrella a la derecha, justo cuando el sol hace el amor con el mar y los turistas aplauden en el chiringuito; buscando inspiración en el olor a salitre y las reuniones con

amigos en invierno; hoguera encendida en la mirada de cada uno, sencillo agradecimiento por un instante, incertidumbre a la deriva al siguiente; plácida sensación de vida inconexa: azar y suerte, directa proporción entre lo frágil que es la vida y lo maravilloso que es vivirla en Tarifa.


O.

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