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Relato personalizado II: "Mar del norte"

Hoy publico el segundo relato del proyecto sobre escritura y creatividad: "Relatos personalizados". Pongo letra e imaginación a vuestras fotos, centrándome en vuestros temas o solicitudes, cuento historias inventadas, las vuestras propias o trato de aproximarme a ellas. Pinto con fantasía lo cotidiano y remuevo las tripas invirtiendo contextos. Una imagen dice más que mil palabras, y a mí me gusta jugar con ambas, imagen y letra. Hago envíos del diseño final en formato "cuadro" para que puedas exponerlo en el rincón preferido de tu casa, hacer un regalo original o dar voz a lo que ya vio tu retina y luego capturó tu objetivo. Juego a darte diferentes versiones de lo ya fue para ti.


En este caso, "Mar del Norte" se va para el norte, para mi tierra, para mis raíces. Lo envío y lo publico con mucho cariño y agradecimiento. Jes, Manu y Chloe, de @ritualdeaventuras, me han propuesto un paisaje cercano y que forma parte de mí misma. No me ha hecho falta mirar la ubicación para saber cuál era. El tema que me han propuesto, "Mar", ha terminado por inspirar un relato que nada tiene que ver con ellos, pero sí con toda persona que haya vivido un poco el océano en el norte y la vida atlántica más salvaje en los acantilados "das rías altas". Una escena inventada que describe una realidad que se repite cada invierno. Gracias familia por alimentar mi creatividad y acertar de tal manera con vuestra foto y tema.

Mar del Norte


Y allí, en aquella soledad tan abrumadora, se le erizó el pelo de la nuca. Caía en picado, al otro lado de la barandilla, el acantilado más alto de Europa. Tras ella, los recuerdos del neopreno salado goteando en el baño cada noche, los arneses gastados colgados en el garaje el fin de semana, las redes hechas un nudo cada domingo...


Había sido la piel curtida lo primero en lo que se había fijado. Después, los músculos en tensión de los brazos, de tanto agarrarse a la vida frente al oleaje. Por último, la libertad que exhalaba cada vez que volvía a puerto. Ya la adicción empezó a generarse con la adrenalina que suponía esperarlo cada noche.

Muchos besos salados en la comisura de los labios, activando las corrientes más profundas. Nadie había sudado tanto salitre en noches de invierno. Y al entrar por la puerta, cantos a las mareas, espuma de mar en las pupilas, embravecidos como las olas batiendo contra la roca, lengua de mar entrando en lengua de arena, cavidades y grutas salpicadas por el eco de sonrisas de alivio.


Y luego, la calma...hasta que un nuevo mes con “r” llamaba a la puerta.

“No vayas hoy...” le había dicho esa mañana de enero.

Por la noche había empezado a odiar el océano, odiar el atlántico y sus corrientes, odiar el rugido de la ola contra el acantilado. Llena de ira había roto el espejo del baño y había visto el reflejo del mismo kraken. Definitivamente lo que más odió fue a sí misma, por haberse enamorado de un percebeiro.

A los 9 días, tal y como le habían explicado, el mar le devolvió lo que nunca había sido suyo.


O.

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Hoy solo quiero escribir, escribir sin importarme lo que escribo, escribir sin importarme sobre qué escribo, sin atender a encargos, a contenidos coherentes o a valor añadido. Hoy solo quiero escribir

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