• Olajui

¡Qué maravilla son tus pies!


Lo último que vi cuando naciste fueron tus pies. Primero vi tu cabeza, tu mueca, tu expresión, tu boca, orejas, manos, barriga, ombligo, ojos, nariz, dedos y uñas... Pero creo que hasta que nos sugirieron que te vistiéramos, no nos habíamos fijado en tus pies. “Algún día estos pies caminarán” pensé...Lo que no me imaginaba era que iban a caminar tan pronto y correr tan rápido. Los “solomillitos”, redondos y curvos, pisan con tanta fuerza la vida que los caminos se abren solos. Das dos pasos y se abren sendas de colores, de muchas direcciones, tamaños y formas. Tienes el mundo a tus pies y actúas con la humildad e inocencia del que ni se lo imagina. Tú aprendiste a sostenerte y nos enseñaste a nosotros también. Te levantas de las caídas sonriendo, y entonces vuelves a empezar, sin que nada suceda, sin sentir fracaso, sin juicio ni pena. ¡Qué maravilla son tus pies! Y ahora, que nos coges de la mano para llevarnos y traernos, ahora que nos estás recordando como caminar, dar saltitos, correr y hacer equilibrios, me doy cuenta de lo que se pierde con los años: El presente, la voluntad, las intenciones y las prioridades. Se instala el miedo de manera sistemática, la responsabilidad, los quehaceres, las rutinas, y se olvida una de los pies que tiene. Tu prioridad es correr, saltar y caminar con esos pies que pisan con tanta fuerza la vida. Ahora nuestra prioridad es pisar vida contigo, sin suela ni arrepentimiento, sin peros o durezas. Sin juicio y sin pena. Volver a la inocente sensación de tan solo caminar y correr, hoy, que mañana ya se verá; ahora, que después si hay siesta... ya lo veremos. Y cuando pisamos descalzos, la tierra nos acaricia los dedos y el agua nos hidrata los talones, y casi de eso nos habíamos olvidado. ¡Qué maravilla son tus pies que pisan con tanta fuerza la vida y nos hacen recordar tanto!


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