• Olajui

IR A LA DERIVA



Cuando estudiaba Educación Social hice un curso sobre la “Deriva urbana y social”. Era un curso que relacionaba movimiento con creatividad, versaba sobre el caminar cotidiano por inercia, sin tener una perspectiva abierta y lo suficientemente improvisada y consciente como para poder detectar nuevas necesidades de desarrollo de los propios barrios por los que se caminaba. ¿Esto que quiere decir? Pues resumiendo mucho que cuando caminamos por nuestros barrios, pueblos o ciudades, si no lo pensamos o reflexionamos primero, nos movemos de manera mecánica, es decir, rutinariamente tomamos siempre las mismas calles o caminos para ir a los mismos sitios y, por lo tanto, mentalmente adoptamos los mismos patrones de comportamiento. Este trayecto que repetimos día tras día se acaba normalizando y nos impide ver otras posibilidades que la ciudad tendría para nosotras si tomáramos otros caminos diferentes para ir a comprar el pan. ¿por qué no la paralela y luego la transversal? ¿por qué no el camino largo en vez del corto? (Cada una con sus respuestas, sus ritmos y sus tiempos).


Nos invitaron también a hacer prácticas sobre ir a la deriva por las ciudades (algo que cuando viajamos se llama simplemente “callejear”, pero que en nuestros sitios comunes no es tan fácil llevar a cabo). Seamos sinceras, ¿cuántas veces nos hemos permitido “callejear” en un sitio que creíamos “conocíamos al dedillo”, en un contexto de rutina y tiempos predefinidos? Y digo “creíamos” por que la percepción de conocer o no conocer es tan solo un juicio y una limitación: yo nunca percibiré y, por consecuencia viviré y sentiré, la misma ciudad con tus ojos, ni tú con los míos, por lo tanto siempre habrá más posibilidades para mí de las que yo creo que existen. ¿Cuántas veces nos hemos permitido hacer el “guiri” en nuestro propio barrio? Es muy difícil ver algo que creemos que conocemos o sabemos desde la postura humilde del desconocimiento. Para esto hay que esforzarse en resetearlo TODO.


Aprendí que cuando obligas al cuerpo físico a materializar un esquema de movimiento diferente y tratas de romper con los patrones habituales, estás educando a la mente a pensar y reflexionar de manera diferente, estás invitando a la vista a ver con otros ojos, educas al oído a explorar más allá de los sonidos cotidianos y, de repente, es como si te sintieras de viaje dentro de tu propio contexto relacional y espacial, puedes llegar a maravillarte con lo que eres en una misma calle o en otra, puedes sentir la ciudad de una manera que antes no conocías y puedes desarrollar tu parte más creativa. El movimiento estimula la creatividad de ver, sentir, reflexionar y entonces hacer. Extrapolado a lo social ves carencias urbanas, sientes necesidades, reflexionas acerca de posibles soluciones y pones en marcha actividades, proyectos o programas que puedan ayudar a resolver.


Si esto se lleva al contexto personal es exactamente lo mismo. Si no nos movemos de manera diferente, adoptamos entonces los mismos patrones de resolución y metodología frente a nuestras circunstancias. Y por supuesto, es necesario cambiarlos cuando se quiere ir hacia algo nuevo o desconocido (proyecto, formas de relación, formas de ver la vida, contexto…) Estimular un movimiento nuevo a nivel físico nos va a ayudar a transformar patrones emocionales y mentales que hasta ahora no nos permitían desarrollar nuestra creatividad, y de esa manera podremos reflexionar acerca de las soluciones que necesitamos para cubrir necesidades o carencias interiores o cumplir expectativas o sueños que tenemos.


Extrapolado a la inspiración, los proyectos, la búsqueda de sueños y la planificación a gran escala, siento que mi creatividad es mucho más alta cuando estoy de viaje, es decir en movimiento continuo y real, pues me siento más libre y menos condicionada por mi propio contexto, que no es otra cosa que mis juicios, creencias y limitaciones que condicionan mi percepción del mismo. Así que ahora que estamos en nuestra base, en nuestra zona de confort (esa que dominamos), en una rutina e inercia que ya hemos vivido más veces, pero buscando nuevos métodos y estableciendo nuevas estrategias que nos lleven a cumplir nuevos sueños, siento la necesidad de empezar de nuevo a practicar la deriva de manera consciente, (re)conocer(me), como un ejercicio que estimule mi libre e improvisado movimiento, primero por las calles que creo que conozco, y ya después para que se estimule mi percepción, mi sentir, mi reflexionar, mi crear y mi hacer de cara al movimiento físico y continuo que nuestro sueño persigue.


Y tú, ¿Te animas? ¿Sabrías cómo empezar? Por si acaso...te dejamos unos trucos:


  1. Deja de caminar mirando el móvil.

  2. Si sueles caminar mirando al suelo, prueba a caminar mirando al frente.

  3. Toma paralelas y caminos largos (no pasa nada...llegarás a tiempo)

  4. Date el gusto de charlar con las señoras del parque o entrar en tiendas diferentes sólo por curiosear (Seguro que aún hay alguna tienda de tu barrio en la que nunca has entrado)

  5. Aprende a sentir las calles que pisas, párate en portales y hazte preguntas, observa jardines y farolas, cada detalle es importante. Quién sabe detrás de qué elementos está tu lucidez o respuestas.

  6. Escucha y satisface tu curiosidad, es lícita y convive contigo de manera natural, se prudente pero no te limites.

  7. Cuando vuelvas a casa, escribe en una libreta cómo ha sido tu paseo. ¿Qué has sentido? ¿Qué sitios nuevos has descubierto? ¿Qué te ha llamado más la atención? Informaciones de tu barrio que no conocías, carencias que tiene...y señala tu ruta.

  8. Repite todos los pasos tratando de que cada día la ruta varíe un mínimo, hasta que sientas que realmente caminas "a la deriva". Entonces vendrá el "click".

¡Disfruta y cuéntanos!


O.

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