• Olajui

De vídeos, autoestimas y género.

La semana pasada publicamos en Instagram una "storie" de prueba. Me hice un vídeo hablando sobre el proyecto de #relatospersonalizados y comentando que era una prueba porque era la primera vez que hacía un vídeo en primer plano, hablando sobre un proyecto propio y compartiéndolo con mucha gente a la que no conozco. Había leído y me habían dado recomendaciones sobre la importancia de los vídeos en las redes sociales: cómo el hecho de usarlo aumentaba el vínculo emocional con la comunidad y hacía que tu cuenta fuese más “humana”. Me lo pensé varios meses y tras varios intentos fallidos, la semana pasada me vine arriba y lo compartimos. Me dio mucha vergüenza verme de nuevo cuando ya estaba publicada. “Bueno, ahora ya no lo elimines, en el peor de los casos una "storie" solo dura 24H”, me dije. Me sentí muy estúpida y ridícula, como si eso no fuese para mí, como si fuese gilipollas tratando de ser “blogger” o “youtuber”, ¡cuanto (pre)juicio! ¿no?

Sin embargo mi sorpresa vino cuando en los siguientes 30-40 minutos de haber publicado los vídeos empecé a recibir muchos mensajes, la mayor parte de mujeres, mujeres emprendedoras que tratan de hacerse un hueco en redes, digitalizar su trabajo o expandir su negocio. Todos los mensajes ponían algo así: “yo aún no me atrevo”, “yo aún no lo consigo y mira que lo pienso”, “a mí me da mucha vergüenza”...etc. Y me vi reflejada, justo hace unas semanas le había escrito a una amiga que está en el mismo proceso algo así como “Qué valiente! Brava!”, ella me contestó “calla, ¡qué vergüenza!”

La pregunta es ¿Por qué nos cuesta tanto a las mujeres estar en lo público? ¿Por qué saltan sentimientos de inseguridad y vergüenza cuando se trata de defender lo que nosotras mismas creamos? ¿Por qué nos sentimos más cómodas en el “semi-anonimato”? Pues la respuesta la tengo bastante clara, y después del chorreo de mensajes aún más. Hay una cuestión educativa con una gran falta de perspectiva de género, sororidad y empoderamiento que hemos vivido desde niñas. Cuestiones explícitas como habernos acostumbrado a que se nos interrumpa en público cuando tratamos de expresarnos, o cosas más implícitas y ocultas como que en el aula se le haya dado más voz y protagonismo a nuestros compañeros, que a su vez se expresaban en un tono más alto, seguramente más imperativo, más demandante y, por lo tanto, más seguro.

No se puede negar que la mujer no siempre ha estado tan presente en lo público como hoy en día. Aunque diréis que eso no debería ser un impedimento en el presente, quizá cierto, por suerte el ejemplo es otro que hace 30-40 años. Pero todo lo que hemos mamado desde niñas, hoy sigue vigente, y debemos hacer un esfuerzo y un trabajo muy grande por deconstruirlo, re-(des)-aprenderlo y por lo tanto volver a empezar. ¡Borrón y cuenta nueva! ha llegado el momento de reinventarse.

A la mujer se la ha cuestionado por salir de su zona de confort, se la ha interrumpido en público, se la ha invisibilizado y se la ha juzgado por defender quien era y lo que hacía o lo que no hacía. Sin embargo, cuando hablamos de crear contenido, de creatividad, de arte, de expresión, etc., la mujer tiene en sus funciones biológicas la capacidad (que no tiene por qué querer usarla, ¡ojo sin malinterpretar!) de gestar y materializar la creatividad más grande: vida. Teniendo de manera predefinida (en términos generales) la capacidad de hacerlo y además expresarlo, ¿por qué sentimos barreras para expresar quienes somos, expresar lo que hacemos y DEFENDERLO delante de cualquiera? Tenemos el DERECHO de hacerlo. Las mujeres debemos apoyarnos unas a otras, comprendernos, inspirarnos y validar nuestra capacidad de crear contenido, estrategias, soluciones, emprendimiento y hablar de ello en público, sin cuestionarnos a nosotras mismas, siendo benevolentes y compasivas frente al espejo, sobre todo y ante todo, primeramente frente al espejo.

Hago esta reflexión para compartir que la cuestión de vergüenzas e inseguridades es una sensación muy común (sobre todo imagino para las que no hemos entrado en este mundo digital de pequeñas), y creo además que en redes cuesta más detectarla. Pero tiene su origen en algo específico, algo a lo que podemos ponerle nombre, ejemplos e incluso escenas y fechas. Cada una puede hacerlo con su propia historia y su línea del tiempo, desde que ha nacido hasta el presente. Os dejo unas cuestiones sobre las que podéis reflexionar y que seguro os ayudan a tomar perspectiva: - ¿En qué momentos habéis sentido coartado vuestro ser y necesidad de expresión en lo público?

- ¿Os ha pasado también en lo privado?

- ¿En qué momento os hubiera gustado expresaros y no lo habéis hecho?

- ¿Qué os lo ha impedido?

- ¿Como se expresaba vuestra madre?

- ¿Vuestra abuela?

- ¿En qué circunstancias os sentís más cómodas al compartir por primera vez vuestras ideas y proyectos?

- ¿Qué códigos de comunicación había en vuestras familias y escuelas?

- ¿Cómo era el reparto no acordado de voz y voto en cada círculo del que habéis formado parte?


Podría seguir, pero lo voy a dejar para más adelante, seguro que esto solo es el principio de mucho más...


Lo que está claro es que debemos usar las herramientas de comunicación con las que cada una se sienta cómoda, no todas somos iguales ni necesitamos lo mismo para cada uno de nuestros proyectos. Pero amiga, si tienes ganas de probarlo, ¡solo hazlo! El resultado te puede traer más cosas bonitas de las que crees. Yo me quedo con todos vuestros mensajes y las reflexiones y conclusiones a las que me habéis ayudado a llegar. Ya solo por eso hacer el vídeo ha merecido la pena.


Y sobre todo me quedo con un mensaje muy chulo, también de una mujer, que decía: “pues a mi me encanta ponerte voz, gestos y expresiones”. :)


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