• Olajui

20 meses y 29 lunas


Cuando Iago decidió que quería emprender su viaje, seguramente Marco y yo no teníamos ni la conciencia ni el alma medio preparada para darle la bienvenida. Estoy segura de que poco a poco él nos fue susurrando en sueños, con intención subliminal para que apuráramos nuestro momento. Un día, sin saber porqué, sentados en una playa, soplando mucho el viento y con ropa muy invernal nos dijimos lo evidente, y la idea empezó a sonar un poco real en nuestras cabezas. Despidiendo el 2016, soñé que un bebé vendría a visitarme en el mes de marzo de ese mismo año que empezaba. Finalmente fue el mes en el que me quedé embarazada. El único del año en el que ovulé en luna llena. Iago vio su momento y no se lo pensó dos veces.

A mediados de mes me sentí extraña, Marco dijo que era un poco exagerada y yo me hice un test de embarazo a escondidas. Vi dos rayas y lloré mucho, sonreí más y abracé a las gatas. Me fui orgullosa con test en la mano a demostrarle que mi intuición de mamífera no había fallado, él me vio entrar y antes de que le dijera nada me leyó los ojos, me besó los parpados y me acarició el vientre. Ese día casi no comimos, hicimos mucho el amor y lloramos bastante. Hoy Iago, 21 de Junio, cumple 20 meses. Que sepamos nosotros lleva viajando a nuestro lado 29. Pero para mí que lleva viajando bastante más. Quién sabe por dónde ha viajado antes, o qué le ha traído a nuestro lado. Nosotros dos, que nos habíamos prometido muchos viajes cuando nos conocimos, no imaginábamos que llegado el momento nos aventuraríamos así, familia novata a ritmo de biberón. No imaginábamos que habría sitio para pañales en la mochila, ni que cantaríamos tanto entre curva y curva, no me imaginaba viajando con una pelota o con el cubito de la playa. Tampoco me imaginaba tanta felicidad en un solo abrazo, ni que bajo la brisa del verano, con la luna de frente, alguien se dormiría en mi pecho exhausto de alegría. Iago ha viajado hacia nosotros y ahora nosotros viajamos hacia él, cada día y a cada momento. Estoy segura de que tiene más experiencia, él nos enseña el mundo que a nosotros se nos pasa desapercibido. Vemos luciérnagas porque él las señala y conocemos a desconocidos porque él los saluda. Él no tiene timidez o complejo, para mi que lleva viajando más de lo que puedo llegar a comprender. Más de 20 meses y seguro que mucho más de 29 lunas.

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